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Definition Preliminar

La palabra Mayeútica designa un método de enseñanza que, contrariamente a la didáctica, no pretende otorgar un Saber del exterior, sino ayudar a otro a encontrarlo en sí mismo.

Esta palabra viene del griego Maieutike, que significa: arte de dar a luz o de alumbrar.  Utilizada en el sentido de arte de alumbrar los espíritus, es decir, hacer descubrir al interlocutor las verdades que lleva en él mismo. Este término fue utilizado por Sócrates para designar su manera de enseñar.

El uso que hacemos nosotros de esta palabra no es fortuito; cada instructor de la Mayéutica Transcendente, aunque ofreciendo una enseñanza diferente, toma a su cargo el método y la misión de Sócrates. "Todo el intelectualismo de Sócrates se resume en lo siguiente: que la condición de la toma de consciencia es la palabra, la palabra ordenada y fecunda del hombre que se busca a sí mismo. Logos: discurso y razón.  Esta razón no se opone a la intuición, sino a las certitudes de primera mano, a las certitudes irreflexionadas que tenemos sin saberlo y sin saber de dónde nos han venido. 

Decir que la conducta correcta es ciencia y que la virtud se puede enseñar, no significa pues para Sócrates que un cierto conocimiento de las cosas, obtenido como obtenemos las mercancías en los mercados, volvería automáticamente a la gente hacia el bien. No se puede enseñar la virtud porque la virtud reside en una conversión, en un movimiento del alma que el maestro ayuda al discípulo a que la opere en sí mismo. 

Aquí está el arte de la Mayeútica:

“Ejerzo, dijo Sócrates, el mismo oficio que mi madre; alumbrar los espíritus es mi tarea y no el crearlos, que es el oficio de Dios.”
 (Platón - Timoteo).

“La comadrona espiritual no aporta y no transmite nada al alma que despierta,
La deja desnuda enfrente de ella misma."
(Micheline Sauvage -Sócrates y la  consciencia del hombre -edc Albin-Michel 1962 –extractos págs. (109-111)

Dejemos ahora al propio Sócrates definirnos su misión:

“Atenienses, ¡os saludo y os amo! Pero obedeceré a Dios antes que a vosotros: Hasta que me quede el último aliento y hasta que sea capaz, no esperéis que deje de filosofar, de dirigimos recomendaciones, de hacerle ver quien es a todo el que me encuentre en mi camino con el lenguaje que acostumbro: Oh el mejor de los hombres, tú que eres un ateniense, un ciudadano de la ciudad más considerable, de esta que, por el saber y el poderío, ha logrado el más bello renombre, no te avergüenzas de preocuparte en poseer la mayor fortuna posible y la reputación y los honores, mientras que del pensamiento, de la verdad, del refinamiento de tu alma, no te preocupas en absoluto y ni siquiera piensas en ello.

¡Y si se encontrara uno entre vosotros que pretendiera preocuparse, no pienso dejarlo tan tranquilo, ni tampoco irme, sino que le haré preguntas, le examinaré, le mostraré su error, y si no me parece poseer verdadero mérito a pesar de que él lo pretenda tener, le reprocharé de atribuir el mínimo valor a lo que posee el máximo, al mismo tiempo que otorga el mayor precio a lo más miserable.! 

¡Esto es lo que haré, con los más jóvenes como con los más ancianos, al azar, con el extranjero como con el hombre de la ciudad, pero sobretodo con vosotros, gentes de esta ciudad pues me sois por origen los más próximos.! 

¡Es a esto, en efecto, saberlo bien, a lo que me invita Dios. En cuanto a mí, no creo que haya habido todavía en la ciudad bien más grande que esta sumisión, por mi parte, al servicio de Dios.! 

En efecto, no hago otra cosa que circular por todas partes; os emplazo, a los más jóvenes como a los más ancianos, a no tener ni para vuestro cuerpo, ni para vuestra fortuna, preocupación que esté antes que de mejorar el alma, ni aún que las tratarais dé la misma forma.  Os digo que no es de la fortuna de donde nace el verdadero mérito, sino que es el verdadero mérito el que hace buena la fortuna, las otras cosas humanas también, todas sin excepción, en los asuntos privados como en los del Estado.

Jamás he sido maestro de nadie.

Pero si hubiera alguno que tuviera deseos de escucharme y de que yo cumpliera mi tarea, ya sea joven o viejo, nunca lo rechazaré, como tampoco me interesaré en él, por el dinero recibido; no rechazo yo por temor a no recibir, al contrario, me ofrezco a las preguntas, a las del rico como a las del pobre, a no ser que se prefiera escuchar lo que yo pueda decir, y no hay un bien más grande para un hombre que dedicarse cada día a hablar de la virtud y de lo que todavía me escucháis ocuparme mientras que procedo al examen tanto de mí como de los otros, y en fin, que una vida en la que el examen falta, no merece la pena de ser vivida.
(Platón - extractos de la apología de S6crates)

La denominación de Mayeútica Transcendente tiene pues la ventaja de designar al mismo tiempo el objetivo propuesto:

La Transcendencia; y el método utilizado: el arte de descubrirla en uno mismo y por uno mismo, gracias a la ayuda del diálogo con un instructor, es decir, una comadrona de almas.

Lo escrito no podrá ser más que el eco debilitado del diálogo iniciador. 

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